Mientras el país discute la transición energética en términos de megavatios y grandes inversiones, en nueve territorios de México las comunidades ya la están construyendo. Mujeres mayas, brigadistas forestales, cooperativas campesinas, familias desplazadas por el cambio climático y pueblos insulares demuestran que la energía solar, cuando se diseña con las comunidades, transforma territorios completos. Desde la Alianza por la Equidad Energética articulamos estos proyectos como modelos icónicos —replicables y escalables— con una meta clara: 100 sistemas solares instalados en tres años. Porque la transición energética no será real si no es justa, y no será justa si no llega a quienes hoy quedan fuera.
Clasificación de Impacto


La cooperativa Túumben K’óoben, integrada por mujeres mayas, impulsa desde 2019 la energía solar en sus pueblos. Combinan formación técnica y fortalecimiento organizativo para decidir el futuro energético de su territorio.

La Escuela Campesina U Yits Ka’an rescata los saberes originarios para sembrar en armonía con la naturaleza. Sus sistemas de bombeo solar permiten a las familias regar sus parcelas de manera eficiente y a bajo costo.

Once brigadistas forestales de Santiago Tlacotepec vigilan el territorio, previenen incendios y cuidan el suelo. La energía solar fortalece su capacidad operativa y la resiliencia del ecosistema que sostiene a la comunidad.

El programa BUXA, nacido en San Mateo Capulhuac durante la pandemia, reúne a mujeres otomíes que fabrican bolsas reutilizables. Una apuesta por autonomía económica e identidad cultural, articulada con energía solar.
Estos modelos de trabajo pueden crecer y llegar a muchos más lugares.
Lo que hoy es una realidad en estas comunidades, mañana puede ser la solución para muchas otras.
La energía justa es posible cuando confiamos en el saber de las personas y en el poder de la colaboración.»